10 de agosto

Quizás la única visita casi obligada del viaje era la de Milán. Para evitar los problemas del día en que llegamos (atascos y peajes), decidimos ir en tren desde la cercana estación de Morosolo-Casciago, donde aparcamos gratuitamente. Ni a la ida ni a la vuelta ningún revisor nos pide los billetes y los tornos de la estación, simplemente, no los reconocen.

El tren nos deja justo al lado del Castilllo Sforzesco, uno de los iconos de Milán, y de ahí nos dirigimos a la plaza del Duomo, que únicamente visitamos por fuera. La atención de nuestras hijas estaba más en las galerías Vittorio Emanuelle 😉

Para comer, dado que a nuestras hijas les encanta la comida asiática, nos dirigimos a Chinatown. Allí comemos en un restaurante para gente local que nos sorprende muy agradablemente (Xiao Hutong, via Paolo Sarpi).